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La puerta se ha cerrado a mi espalda. Mi inquieto pie derecho fue el primero en pisar eso que llaman libertad y que uno no sabe exactamente qué es.
Después de dar unos cuantos pasos, un poco tanteando el terreno y como para asegurarme de que nadie me llamaría con un pito estridente o un manotazo en la cara, alcé mi vista al cielo y me sorprendió la aglomeración de nubes que formaban un precioso velo transparente sobre mi cabeza.
Qué inmenso me pareció,  nada que ver con el retacito que a veces contemplaba desde el hueco que llamaban ventana.
Los pulmones me duelen de tanto aire puro y un monstruo me muerde las tripas inquieto y feroz.
En medio de la calle recostado contra la farola, la liberación me sorprende y me desconcierta, un pensamiento se abre paso en ese caos de emociones: ¿habré pagado ya todas mis culpas? Parece ser que sí, que no le debo nada a nadie, no tengo deudas, ni tengo que pedir perdón.
Soy libre.
En ese universo debo aprender a caminar, debo ir al encuentro con ese ser humano que dicen que soy y que lleva tantos años aletargado y sobre todo, quizás lo más difícil, tendré que ejercer como tal.
Una nueva vida dirían los optimistas, pero no, no lo es; es un trecho que me falta por recorrer, un camino para llegar donde el amor me está esperando con una sonrisa en los labios.

Según el mapa, el cementerio está a dos calles.

 

Por: Gladys Fuentes

Cuentos

A la mesa

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¿Quién les abrió la puerta? ¿Quién los invitó? Ella estaba en su casa, rodeada de las cosas que tenían su huella, empapada de sus olores más queridos, invadida de aromas cotidianos y placenteros, días saliendo por las ventanas limpios, alegres y juguetones.
Y mira por donde, hoy que se había levantado en medio de la misma tibia atmósfera de su vida, hoy que el mundo no tenía aristas, ni picos que rasgaran la piel, ni cuchillos a los que esquivar va y le pasa eso.
Puso la mesa, como siempre, mantel, platos, cubiertos, vasos, ensaladera, flores y comida humeante llenaban el lienzo de su bodegón mesa familiar vista en escorzo, en el que podemos agregar una luz diluida al modo renacentista proveniente de un balcón con las cortinas entreabiertas a una tarde que se deshace más allá de nuestra visión.

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Abrapalabra

Diéresis

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En notas al margen, retomamos la definición de ortografía como preámbulo a nuestro artículo de este mes para resaltar la importancia de escribir adecuadamente y, quizás lo más importante, que los receptores de nuestras palabras nos entiendan en la verdadera dimensión que les damos.
La ortografía es el conjunto de reglas que determinan la forma correcta en que se debe escribir una lengua. Así, pues, es la parte de la gramática que tiene como función homogeneizar los principios que rigen la escritura de una lengua y, en consecuencia, la que permite que las palabras de una lengua puedan ser efectivamente descifradas y entendidas. La ortografía es fundamental para mantener la unidad lingüística de un idioma.
Veamos algunos signos, sus definiciones y usos correctos:

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ARTÍCULOS

La próxima vez lo hará mejor.

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Recuerde un día negro, de esos en que hasta las fuerzas extraterrestres se ensañan contra nuestra frágil humanidad, apaleándonos el ego hasta hacernos sentir los seres más miserables que jamás hayan existido sobre la tierra.
Imagínese el rencor, el odio, la desesperación que podemos llegar a sentir los días en que todo nos sale mal pero, de repente, en el lugar menos pensado, alguien se acerca a nosotros, nos da un golpecito en la espalda y nos suelta con la mayor naturalidad: No se preocupe, la próxima vez lo hará mejor.
No es ficción, en el mundo existen personas de naturaleza buena y quizás más cerca de lo que nosotros creemos. Nos pasamos las veinticuatro horas quejándonos porque todo anda mal en el país, porque no encontramos soluciones, ni siquiera esperanzas

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