esa ciudad

 

      Hay ciudades que parece que nacieron cuando nosotros lo hicimos, como si un cordón universal se alimentara de la misma savia, como si el impulso vital las llenara de las cosas que son indispensables para nuestra vida.
     Ahí está el aire, el cielo, los parques, los patios enmarcando nuestra existencia, pareciera lo más normal del mundo, hasta que un día cambias, te levantas con una cabeza nueva y te vas de bares, contemplas luciérnagas polvorientas sobre divanes corroídos, paredes desconchadas por encima de la espuma de la cerveza.
     Hastiado te largas a un sitio más tranquilo y normal, un restaurante de lujo con manteles blancos, donde una pareja, como cualquiera otra, come a gusto. Pero la ciudad no se rinde. Sobre el mantel empieza a caminar un ejercito de hombres diminutos con cabeza verde.
     Es la ciudad, diciéndote que puede cambiar, cuando tu lo haces.

Por: Gladys

Cuentos

Borrando los recuerdos uno por uno

borrando

 

    Ahí está, con el cuerpo al lado de su cuerpo, con sus pies haciendo un camino paralelo al suyo, con las venas repletas de sangre inundando valles y estepas.
    Todos los días, todas las noches, todos los minutos y todos los segundos se empeñan, los enamorados, en congelar momentos del pasado. A veces se asombran ante una risa de cuatro años sin dientes, o cuentan las velas de cada tarta que aparece en los álbumes, se ríen de los peinados, las modas, los gestos enfurruñados de una juventud desbordada de hormonas.

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Abrapalabra

La velocidad no escucha

hablar

     A veces la urgencia por responder o manifestar nuestro pensamiento nos lleva a cometer errores que nos hacen sonrojar, a menos que no nos preocupe nuestro lenguaje. Si pudiéramos, aunque fuera por un solo instante escucharnos, nuestra comunicación sería más fluida, certera y eficaz.
    Pensemos por un momento ¿cuáles son los errores que se cometen más a menudo?  Intentemos escucharnos. ¿Cuantas veces se nos ha salido de la boca una S malsonante, una N inoportuna, una A donde debería existir la partícula De…?

 

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ARTÍCULOS

Otra vez manzanas envenenadas

arbol

 

    Con la espalda encorvada, los pies cansados, las manos agrietadas y la mente nublada por el brillo del oro se levanta todos los días convencido de que ese será su gran día. "Sí, hoy sí", se dice cada mañana.  Hoy encontrará el pedrusco que lo sacará de la miseria, y con ese propósito apura un poco de agua caliente a la que llama café mientras bajo el techo de lata dormitan los cuerpos de su mujer,  sus hijos, un perro y dos gallinas. Su tesoro.
     Un tesoro que lleva a cuestas y por el que está dispuesto a todo en su vida.

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