dosizquierdos

 

     No sé para que las explicaciones llegan cuando ya es demasiado tarde, tienen esa maldita manía de aparecer cuando ya no hay remedio dejándolo a uno con cara de idiota y cerebro de inteligente.
    Eso fue lo que pensé cuando los volví a ver, después de años de olvido, de caminos sin recorrer, países sin visitar, ciudades ignoradas, razonamientos y justificaciones que perdían la validez en cuanto revivía esas viejas y excitantes emociones que imaginaba emprender en su compañía.
    Sí, hubiésemos llegado lejos, pero dos zapatos del mismo píe no avanzan.

 

Por: Gladys Fuentes - mini-relato incluído en el libro Mujer de agua.

Cuentos

Herida (5)

mordisco

     Algunas veces estiraba su cuerpo hasta coger la luna entre sus manos. Solía hacerlo cuando escuchaba canciones románticas, o cuando un ritmo caribeño obligaba a mover su cuerpo sin pedir permiso a su cerebro.
    Sabía que eso no era muy bueno, porque a los máximos placeres  le sucedían los viajes a las cavernas más profundas de su terrible yo.
    Por eso construyó la escalera, ascendió por ella, pero a medida que lo hacía, los peldaños perdían consistencia.

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Abrapalabra

Acentuación de qué, quién, cuál, cuándo… cuando si y cuando no…

acentos2

¡Ay! que la hemos liado

y estamos perdiendo la precisión al comunicarnos, ya no sabemos si nos preguntan, si se asombran o si están sorprendidos de que les hablemos, todo por unos pequeños signos llamados acentos que solemos obviar por las prisas o desconocimiento, y quizás lo más triste, nuestras palabras llegan al receptor de forma imprecisa y planas como una línea de ferrocarril que conduce a la duda. He aquí unos apuntes que nos ayudarán a dar vida a nuestras palabras:

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ARTÍCULOS

Una y otra vez

proust

     Hay libros que llegan a nosotros pisando suave sobre la alfombra, rozándonos con el aire de su respiración y muchas veces no nos damos cuenta de que existen hasta que de alguna manera se rompe el silencio; los abrimos, vamos recorriendo sus páginas mientras nuestro cerebro escoge imágenes que guarda en algún recoveco sin fechas de ingreso ni caducidad.
    Muchos años después, esquivando las piedras del camino, llorando por callejones o riendo abrazados a la vida, la situación es lo de menos, hacemos un gesto y las imágenes guardadas en aquel recoveco del cerebro se nos aparecen para regalarnos de nuevo emociones que teníamos olvidadas.

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