chocolate a la taza

 

Ella miró la taza de chocolate que la camarera había puesto ante sí. El chocolate parecía frio, duro, distante como una roca.
    Sobre su cabeza apareció un letrero escrito con letras negras sobre fondo blanco, como en los prehistóricos cómics:
    "La cuchara romperá la superficie"
    Ella la tomó, removió un poco la bebida y creyendo que estaba a punto se la llevó a los labios. Por supuesto. Se quemó. El dolor salió disparado desde su lengua y atravesó en línea recta el corazón. Otro letrero sobre su cabeza:
    "Parecía frio"
    Ella miró de nuevo la taza, removió el chocolate otra vez, pero ya sabiendo que debía ser prudente para no hacerse daño.
    Para entretenerse construyó un barco de papel con la servilleta, lo colocó al borde de la mesa. ¿Y si navegara? ¿Si de repente zarpase?
    Esperó, esperó, esperó.
    Cuando creyó que la bebida estaba lista para entrar a su boca, supo que un buen chocolate no se toma con cuchara, sino que se bebe a sorbos. Otro letrero apareció:
    "Los máximos placeres se beben"
    El chocolate llenó su boca, invadió sus encías colándose por entre los túneles de sus dientes, resbalando debajo de su lengua en un tsunami de placer que se desbocaba por su garganta hasta caer estrepitosamente en su estómago. Otro letrero
    "Así es el placer"
    Fue lo que leyeron los demás clientes que se encontraban en la terraza sobre la imagen de una mujer que iba a bordo de un barco de papel.

 

Por: Gladys Fuentes

Cuentos

Virgen de la locura

virgende la locura

 

Ya no recordaba cuando fue la última vez que las vio. Tendría quizás, seis o siete años, iba de la mano de su madre bajando las escaleras de aquella iglesia a la que la obligaba a ir todos los domingos. Que conste, sólo lo hacía por tener sus manos entre las de ella, aunque fuera bajando esos únicos doce escalones. Sí. Los había contado un millón de veces.
Ese día se encontraron con unas vecinas y el pellizco dolió dos veces; la presentida y la real. Su madre siempre la reñía por no saludar, pero Leer más...

Abrapalabra

¿Para qué sirve la puntuación?

sinsignos

 

“la puntuación sirve para no volver loco al lector”.
Comprender el sentido de un texto que está escrito con una puntuación deficiente es difícil, cuando no imposible. Prueba de ello, la omisión o la inserción innecesaria de una simple coma  pueden afectar ese sentido.
Intente leer el siguiente texto:

"Las imágenes se mantenían unos instantes y después

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ARTÍCULOS

Diarios personales

sarten

 

Cada cierto tiempo los "diarios" inundan el mercado editorial con gran éxito y esto es precisamente lo que está sucediendo en estos momentos, agotado ya el filón de las grandes sagas, los estantes de las librerías están abarrotados de diarios personales de todos los pelajes y colores para todos los gustos. Desde los recovecos más íntimos de seres excepcionales en su campo hasta los calzoncillos de algunos deportistas. ¿Pero que diferencia hay entre lo que cuenta un diario y lo que denominamos chisme?

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