La corrección de estilo no es solo un asunto de escritores, editoriales o medios impresos que intentan ser lo más profesionales posible y ofrecer obras de calidad, en este universo también están implicados todos aquellos textos que pretenden causar un efecto-respuesta en su público y en ese ámbito nos incluimos todos los seres humanos con necesidades de  comunicación.

Corrección de estilo: opcional o imprescindible
Una corrección de estilo es una revisión general de un texto, realizada a conciencia para optimizar su calidad antes de su publicación.
El corrector de estilo verificará la ortografía, el uso de los términos empleados, la conjugación de los tiempos verbales con la persona narrativa; unificará criterios y evitará reiteraciones innecesarias; su especialización le permitirá detectar posibles errores en el argumento, fechas, diálogos o personajes, validándolos con el autor, velando así por la coherencia del texto.

¿Cuánto nos cuesta corregir?
La pregunta sería, cuanto nos cuesta no corregir, porque una obra que presenta errores, perjudica la imagen de su autor y reduce sus posibilidades de éxito. En cuanto a empresas o escritos comerciales, un texto erróneo puede implicar incluso demandas.

¿Por qué se debe contar con la ayuda de un corrector de estilo?
1.- Porque los autores conocen su obra casi de memoria, por tanto la leen de la misma manera.    
2.- Porque un corrector será el primer lector de la obra y puede ofrecer una visión crítica, profesional, al tiempo que formulará las mismas preguntas que más tarde se harán los lectores.
3.- Porque el oficio de corrector es un trabajo humano irreemplazable: los programas de ordenador no sirven para revisar el estilo y ajustar el sentido de un texto.
4.- Porque el corrector es capaz de reconocer impropiedades del lenguaje, tales como el uso incorrecto de las palabras.


Actividades relacionadas con la corrección de un texto (académicamente correcto).
1.- La revisión
Es la fase en que el papel del corrector es determinante y está condicionada por factores muy diversos, que van desde las especulaciones del autor para la redacción hasta la tendencia de éste a resultar excesivamente "florido" en su expresión. Se hace necesario, pues, asumir una serie de consideraciones preliminares sobre la base de las cuales deberá operar el corrector de estilo.

2.- ¿Qué revisar?
Hay tendencia a pensar que sólo deben corregirse los errores ortográficos y/o gramaticales, pero también es muy importante la revisión del contenido. El corrector, pues, no sólo ha de ajustarse a la prescripción de la gramática normativa. Hay que cuidar de que el texto sea comprensible y no contenga pasajes de difícil interpretación. Sólo debe incluirse información relevante para el desarrollo textual, evitando las ambigüedades y las redundancias. Debe huirse en lo posible de las valoraciones personales (sobre todo si el texto es de carácter formal o académico).
En general, la unidad de sentido preserva la inteligibilidad del texto. Deben quedar bien explicitadas las relaciones entre las distintas partes del texto, no basta con que las ideas estén bien conectadas en la mente del autor. Una buena forma de conseguir esa unidad de sentido es cambiar de tema lo menos posible a lo largo de un párrafo y evitar introducir sin necesidad digresiones evitables.
Otro elemento eliminable del texto es la ambigüedad. Un texto sólo debe poseer una correcta interpretación. En este plano la sintaxis puede ayudar a clarificar al máximo su interpretación.
Asimismo, las redundancias informativas afectan negativamente a la coherencia del texto. Las informaciones redundantes no suelen ser pertinentes, sino innecesarias. Hay que evitarlas.
Otra cuestión fundamental es la adecuación del contenido a la situación comunicativa: así, en un texto formal no caben coloquialismos excesivos; del mismo modo que en una situación informal es inadecuado por pedante el recurso a términos cultos.




3.- Necesidad de facilitar la lectura
Cuando un texto se lee con dificultad es porque el tema es difícil en sí mismo, o bien porque el lector no se halla suficientemente interesado por dicho tema. O bien simplemente el texto está mal escrito: hay que hacer lo posible para facilitar la lectura. Hay que ser claro, ordenado, calcular bien los conocimientos del lector destinatario del texto.

4.- La importancia de la presentación
Entre los defectos de presentación más usuales a que se debe enfrentar el corrector de estilo están:
a.- Textos sin márgenes o con márgenes escasos
b.- Abundancia de errores tipográficos
c.- Incoherencia en el empleo de convenciones de subrayado de títulos, palabras extranjeras, mayúsculas, comillas, citas, referencias bibliográficas, etc.
d.- Número excesivo de páginas
e.- Mala puntuación, por exceso o por defecto
f.- Desorganización
g.- Lenguaje "infiltrado" términos y expresiones que proceden de la burocracia, los medios de comunicación, ciertos textos académicos, etc. Son en general expresiones "rimbombantes" innecesarias, fácilmente simplificables e incluso eliminables.

5.- La importancia del estilo
Para conseguir un texto con buen estilo resulta fundamental prestar atención a cuestiones de léxico y sintácticas. Hay que atender así a la longitud de las oraciones y evitar alargarlas innecesariamente.
En general tres son los principios básicos de un estilo correcto, claridad, naturalidad y propiedad. La claridad en la expresión se alcanza según la elección de palabras apropiadas y exactas. De las palabras comunes han de utilizarse las más sencillas y breves, de las técnicas y cultas las inteligibles. La naturalidad de estilo se alcanza escribiendo sobre cosas de las que se tenga conocimiento y que interesen al lector; hay que prevenirse en este sentido contra la tentación de querer singularizarse, por lo que debe analizarse con cuidado toda expresión antes de emplearla. La propiedad se alcanza siempre que se utilicen palabras que no expresen una idea distinta de la que se quiere comunicar, evitando en lo posible los término genéricos y tratando de que las palabras no presenten las ideas de forma más compleja de lo que son en realidad.



6.- Sintaxis


En este sentido es fundamental atender a la longitud de las frases. No hay prescripciones claras sobre cuál deba ser la extensión apropiada de una frase en un texto. Depende en gran medida del estilo de cada uno. Así p.e. a partir de la segunda mitad del S. XX se observa cierta inclinación hacia la frase breve, sobre todo en los textos científicos y técnicos. Pero no por ello una frase larga es necesariamente errónea. Todo depende de la habilidad del escritor para conseguir que no se pierda el hilo discursivo. Lo cierto es, en todo caso, que cuanto más larga sea una frase más posibilidades habrá de que se incurra en anacolutos o inconsecuencias sintácticas. Ello no supone, sin embargo, que las frases deban ser telegráficas. En todo caso, la extensión de las frases es una cuestión que supone en muchos casos una marca de estilo: p.e. las frases largas, con abundancia de subordinación, paráfrasis, complementos circunstanciales, referencias espaciales y temporales, etc. desarrollan un tempo lento, apropiado para textos de tono serio, grave, como los jurídicos.
Un aspecto sintáctico más: los incisos no deben interrumpir caprichosamente una oración. Es preferible su colocación al final de la frase que así podrá leerse de un tirón sin incómodas interrupciones.

7.- Aspectos léxicos
Otra cuestión importante desde el punto de vista léxico es el cuidado por la combinatoria de palabras: no todas las combinaciones de palabras son posibles. Deben evitarse asimismo las repeticiones léxicas, recurriendo p.e. a la sinonimia para mejorar el estilo.



8.- El problema de la revisión informática
Hay que considerar que con los correctores informáticos no se ha resuelto el problema de la corrección de textos. Los ordenadores han supuesto la aparición de errores nuevos que hay que tener en cuenta. Así, los correctores ortográficos y gramaticales son de gran ayuda, sí, pero también plantean problemas. No siempre discriminan efectivamente categorías gramaticales, ya que corrigen sistemáticamente siguiendo un criterio por defecto, lo que hace que cometan frecuentemente ciertos errores (p.e. cuando y cuándo, p.e. encabezando una interrogación aparecerán siempre corregidos como "cuándo").

9.- Conclusiones. Recapitulación final.
Al margen de todas las consideraciones anteriores no debemos perder de vista ciertas ideas fundamentales:

a.- Un buen corrector cambia de perspectiva, dependiendo del texto: no es lo mismo enfrentarse a un texto publicitario, que a uno jurídico o literario. El corrector debe poseer olfato e intuición para conservar la voz del autor y, al mismo tiempo, aumentar su brillantez y claridad.

b.- Hay que buscar la perspectiva, lo que significa moldear unos criterios propios. Para esto, es necesario conocer las diferentes herramientas de que dispone un corrector: diccionarios, gramáticas, textos de referencia y programas informáticos.

10.- La corrección sigue distintas fases o momentos  
a.- Corrección tipográfica.
El corrector debe desarrollar un control integral de la calidad de la composición: detectar y corregir las erratas y los errores tipográficos y la partición incorrecta de palabras, así como las líneas sueltas al final y al principio de página (viudas y huérfanas), los espacios mal colocados, los guiones en hilera...
b.- Corrección gramatical. Se trata aquí de problemas de ortografía y/o morfología. Hay que saber distinguir entre error gramatical y error de estilo. La ortografía, la gramática y la puntuación de los textos deben ser en todo momento las correctas, en base a un adecuado uso del lenguaje; ello incluye la comprobación de que no se produzcan errores tipográficos. La corrección ortográfica consiste en la minuciosa revisión del texto con el fin de comprobar que se adecua a las normas ortográficas.
c.- Corrección de estilo. No hay que perder de vista que el corrector no es el autor. A partir de aquí se tendrá en cuenta el uso de los manuales de estilo, lo que permitirá definir un método de trabajo: revisión y corrección atendiendo a criterios de coherencia y cohesión semántica. La corrección de estilo buscará siempre la palabra exacta, evitando reiteraciones innecesarias y atendiendo constantemente a la finalidad, precisión y buen sentido del texto. La corrección de estilo consiste en una revisión general de todos los elementos que componen la obra: el estilo, la correcta elección de los términos empleados, la corrección o la adecuación de localismos, extranjerismos y modismos, la aplicación de las normas establecidas en los manuales de estilo... Con todo ello se pretende no sólo pulir la calidad general de la publicación, sino darle además una coherencia global.

La Dirección

Cuentos

Fiesta de barrio

fiestadebarrio

 

Normalmente nadie tiene quejas de mi, yo gasto los días de una manera tradicional y procuro imitar en todo a las personas que me rodean para evitar conflictos. Nunca sé cómo actuar cuando hago algo que disgusta a alguien, suelo quedarme  como en puntos suspensivos preguntándome, si se enfadará o no, le digo algo o no, deshago lo hecho o pido disculpas y mientas esas preguntas se van juntando en mi cerebro, una parte de mi está mirando a mi antagonista, me fijo en sus ojos, en el movimiento de sus labios al hablarme enfadado o en el brillo rabioso de sus ojos o en el movimiento nervioso de sus manos y una sonrisa se me dibuja sin querer en el rostro, lo cual hace que mi interlocutor se encolerice aún más. 

 

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Abrapalabra

No es excusa

excusas

Eso de que en mi país se dice así, o es nuestra forma de hablar, no es de ninguna manera una excusa para patear el idioma. Los hispanohablantes tendemos a hacerlo, es decir, usamos términos incorrectos como una práctica habitual y aceptada socialmente, aunque por suerte, en la mayoría de ocasiones, lo hacemos de forma inconsciente. 

Por eso mismo es muy importante llamar la atención sobre  nuestros errores cotidianos, hasta que nuestro cerebro los codifique correctamente y podamos comunicarnos apropiadamente de forma espontánea.

1.- Momentos clave o momentos claves

Lo correcto es momentos clave: "Cuando se trata de un sustantivo en función adjetiva, se dice en singular: hombres rana, ciudades dormitorio o aviones espía”.

En este sentido, clave, que es un sustantivo, se usa como adjetivo y por eso se escribe en singular.

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ARTÍCULOS

... y el amor

y el amor

 

"…donde el amor se llama con todos los nombres de todas las calles…"(*) 

                                                                                                           J. Cortázar.

… nos decía el autor en su inolvidable Rayuela, ¿se acuerdan? Qué emocionante es enamorarse, sentir vértigo, dolor de barriga y despertarse con el corazón en la mano mientras el cerebro inventa cómo eliminar segundos hasta el momento de ver al ser amado.

Cuánto se ha escrito, se escribe y se escribirá sobre ese sentimiento; pasado, presente y futuro del universo, cómo han cambiado las formas de expresión, las palabras, los códigos mediante los cuales mandamos mensajes al objeto de nuestra adoración, y sin embargo, los dolores de barriga,  los nervios y los sudores en la palma de la mano, siguen siendo tan antiguos como el hombre.

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