“la puntuación sirve para no volver loco al lector”.
Comprender el sentido de un texto que está escrito con una puntuación deficiente es difícil, cuando no imposible. Prueba de ello, la omisión o la inserción innecesaria de una simple coma  pueden afectar ese sentido.
Intente leer el siguiente texto:

"Las imágenes se mantenían unos instantes y después al igual que se va retirando la marea los viejos sueños empezaban a perder su calor y volvían a ser cráneos blancos y fríos los viejos sueños se sumían de nuevo en su largo letargo y el agua se escurría entre los dedos de ambas manos y caía al suelo mi labor como lector de sueños consistía en repetir eso una y otra vez".

Extracto de El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas.
Página 211
Haruki Murakami

Los escritos sin signos de puntuación no son más que letras seguidas unas de otras son sentido, sin lengua propia y sin el poder de atravesar los cráneos. Solo los signos son capaces de darles fuerza, aroma, sabor y el poder de pasearse por nuestro cuerpo y nuestros múltiples "yos".  Sin ellos nos ahogaríamos al leer y no entenderíamos ni la mitad.

¿Cómo leyeron hasta entonces?
Simplemente no se leía, se contaban las historias, era el narrador quien enfatizaba, quien cortaba, alzaba o callaba la voz preparando el alma para las aventuras. Y así había sido desde Aristófanes de Bizancio, de quien se cree que en el 194 a.C. trazó los primeros signos de puntuación. Aristófanes, a cuyo cargo se encontraba la Biblioteca de Alejandría, decidió incorporar tres tipos de signos que ayudaran a la lectura de los valiosos volúmenes a su cargo.

Prácticamente hasta la invención de la imprenta los textos estaban pensados para su lectura en voz alta, lo que redundaba en falsas interpretaciones a la hora de entender los textos. Para eso nacieron estos signos, para ayudarnos a entender y a concretar, y por ello han evolucionado con la lengua y lo siguen haciendo, aunque nos preocupe lo que depare el futuro.  ¿Están condenados a desaparecer en la era del chat y WhatsApp, o a convertirse en esos ya omnipresentes :-)?

Hay textos que ahogan al lector por falta de comas, mientras que en otros el exceso da más bien da la impresión de que el autor las ha espolvoreado como sal sobre los textos. Los signos de puntuación son una cosa muy seria: interrogantes, puntos y comas, puntos y aparte... y como tal deben tratarse y aplicarse.
Poco a poco fue quedando claro que ya que los textos se leían para uno mismo eran necesarias las herramientas que ayudaran a su comprensión, y así se fueron incorporando nuevos signos, como los de exclamación, resultado de superponer las letras que formaban la palabra latina io, que significa alegría o jubilo.

La puntuación estaba alcanzando el lugar que le correspondía, porque como afirmaba un erudito del siglo de oro, M. Alemán, “puntuando las cláusulas con señales divisorias: de manera i tales que se conozca por ellas el estado de ánimo del que lo escribió, i eso es ir bien ortógrafo, estar juntamente bien puntuado, porque a muchas oraciones, que tienen su señal conocida, si se les trocase, poniéndoles otra, les trocarían el sentido”.

Los signos de puntuación ya habían alcanzado su función actual, tal como la define la Real Academia Española al definir la palabra “Puntuar”: “Poner en la escritura los signos ortográficos necesarios para distinguir el valor prosódico de las palabras y el sentido de las oraciones y de cada uno de sus miembros”.

¿Sabemos utilizarlos bien?
La mayoría de ocasiones, sí, pero muchos falsos amigos nos despistan, como la norma de que cada vez que hay que hacer una pausa en la lectura va una coma. Pues no es así, ahora, sino que esta falsa creencia remite de nuevo a los tiempos de la lectura pública. La coma separa frases y oraciones que se refieren a un mismo tema, mientras que el punto se coloca al final de las frases en la mayoría de las lenguas latinas. Porque cada lengua tiene los suyos y también sus normas de utilización, que pese a la libertad estilística debe (o debería) seguir todo el mundo, ya sea en una comunicación de empresa o una novela de ciencia ficción. Sin embargo, la creatividad no es tan amiga de normas y algunos autores decidieron ponerse la puntuación por montera. Un ejemplo sería el excéntrico hombre de negocios norteamericano Timothy Dexter, que escribió la autobiografía A pickle for the knowing ones or plain truth in a homespun dress (Un pepinillo para los conocedores o la pura verdad en un vestido casero, más o menos) formada por una única oración de 8.847 palabras unidas sin espacios ni signos de puntuación, pese a lo cual fue un éxito de ventas, tal vez porque se dedicaba a despotricar contra su mujer, los políticos y la iglesia. Tanto éxito tuvo que en la segunda edición (se publicaron hasta ocho) y a petición del público para facilitar su lectura se añadió una página extra con trece signos de puntuación con los que el lector podía “aderezar y salar el texto a su sabor”.

Signos que desaparecen y funciones que cambian
En castellano está decayendo el uso de los signos de interrogación y exclamación al principio de la frase por influencia del inglés y de las nuevas tecnologías.
El mundo digital, los chats, whatsapp... están marcando la línea de una nueva escritura, incluyendo muy especialmente los signos de puntuación, cuyo empleo (o ausencia) deja mucho que desear de acuerdo con la gramática actual. Pero, ¿es esta nuestra única guía? El estudio de Microsoft dedica todo un capítulo a “estos aparentemente triviales ganchos, puntos y líneas” que “pueden clarificar, estructurar o distorsionar un texto; también pueden hacernos sonreír o reflexionar sobre un significado”. Para el autor del estudio, Nicolas Myers, las posibilidades existentes al respecto en nuestros teclados no se corresponde con los limitados signos actuales, por lo que propone mezclarlos entre ellos y crear otros nuevos. Y para este propósito existe ya punctu.at, una herramienta que permite combinar, crear y compartir nuevos signos de puntuación: “Usando los caracteres tipográficos existentes, este proyecto explora cómo los símbolos personales pueden enriquecer y modificar el significado de un texto”.

¿Qué hacer para tener una buena puntuación?
Los signos de puntuación, antes denominados señales y después notas, cuentan cada uno con su historia, normas de uso, pifias y falsos amigos. También su número es diferente de acuerdo con cada idioma.  Vamos a repasar algunos de ellos brevemente, de acuerdo con las normas de la RAE.

El punto: 
En el pasado, antes de las gramáticas, compitió con la coma para marcar pausas. La altura a la que se situaba señalaba la duración de esa pausa, y así cuanto más alto el punto, más larga aquella. Actualmente, en la mayoría de lenguas que utilizan el alfabeto latino se escribe siempre al final de la frase.
-Cuándo usarlo: Para señalar la pausa que marca el final de un enunciado, párrafo o texto. 
-Cuándo no: Cuando este final corresponde a un enunciado interrogativo o exclamativo, es decir, detrás de un signo de interrogación o exclamación.

El interrogante: 
Su función es sencilla: Representar en la escritura la entonación interrogativa. Menos claro está su origen, lleno justamente de interrogantes. Una posible aproximación hace descender a este signo de la palabra latina quaestio, abreviada en la edad media como qo, cuyo grafismo derivaría en la tipografía actual.
-Cuándo usarlo: En castellano, al principio y final de una frase interrogativa.

La coma: 
La utilidad, en el origen: La coma actual viene del griego komma, que significaba interrupción, y así, la coma marca una pausa breve dentro de un enunciado y separa oraciones que están relacionadas. 
-Cuándo usarla: En las oraciones explicativas, con cualquier clase de comentario o explicación, y para separar elementos u oraciones dentro de un mismo enunciado.
-Cuándo no: Nunca hay que ponerla entre sujeto y verbo.

Punto y coma: 
Se usa para unir dos frases que están relacionadas, en una oración, siempre que no estén unidas por una conjunción. También para marcar en el texto una pausa más larga que la coma pero menos que el punto. Su origen está en un tipógrafo italiano, Aldus Manutius El Viejo, quien lo estableció alrededor de 1449.

Exclamación: 
En la época en que los libros eran escuchados más que leídos marcaría una elevación del tono de voz; actualmente se utiliza para enfatizar una oración. Su representación parece provenir de los monjes que copiaban los textos y transformaron el io latino, que significa alegría . 
-Cuándo usarlo: En castellano al principio y final de una oración exclamativa. 
-Usos especiales: En texto literarios pueden duplicarse o triplicarse para dar énfasis.

Dos puntos: 
Detienen el discurso para llamar la atención sobre lo que sigue, que siempre está en estrecha relación con el texto precedente. 
-Cuándo no: Cuando introducen una serie de elementos que forman un inciso y la frase continúa después; en este caso hay que utilizar los guiones.

Comillas: 
Se colocan al principio y al final de una palabra o una frase que se quiere destacar o de una cita textual. También cuando no resulta conveniente utilizar la cursiva. En castellano se utilizan tres tipos diferentes: las angulares, también llamadas latinas, las inglesas y las simples.

Puntos suspensivos: 
Como su nombre indica, dejan en suspenso un discurso. 
-Cuándo usarlos: Al final de enumeraciones abiertas, para señalar la interrupción de un discurso que se da por conocido, para marcar una pausa transitoria que indica duda, vacilación o suspense… 
-Cuándo no: Si al final de la enumeración abierta se añade un etcétera, los puntos suspensivos deben ir detrás de esta palabra, no antes.


Paréntesis: 
Es un signo ortográfico doble que se usa para insertar en un enunciado una información complementaria. 
-Cuándo usarlo: Aunque las comas también se utilizan para marcar incisos, el uso de los paréntesis indica un mayor grado de aislamiento o independencia, por eso normalmente los incisos entre paréntesis suelen ser oraciones con pleno sentido y poca o nula relación sintác­tica con los elementos del texto principal. 

Corchetes 
Signo doble, se utiliza por lo general de forma parecida al paréntesis, por ejemplo cuando hay que introducir una aclaración dentro de una información que ya va entre paréntesis. 

Rayas y guiones 
En castellano la raya está reconocida como signo de puntuación y se utiliza para aclaraciones o incisos, mientras que el guión es un signo auxiliar y su uso se restringe a las palabras compuestas; ambos son trazos horizontales.

La Dirección

Cuentos

Fiesta de barrio

fiestadebarrio

 

Normalmente nadie tiene quejas de mi, yo gasto los días de una manera tradicional y procuro imitar en todo a las personas que me rodean para evitar conflictos. Nunca sé cómo actuar cuando hago algo que disgusta a alguien, suelo quedarme  como en puntos suspensivos preguntándome, si se enfadará o no, le digo algo o no, deshago lo hecho o pido disculpas y mientas esas preguntas se van juntando en mi cerebro, una parte de mi está mirando a mi antagonista, me fijo en sus ojos, en el movimiento de sus labios al hablarme enfadado o en el brillo rabioso de sus ojos o en el movimiento nervioso de sus manos y una sonrisa se me dibuja sin querer en el rostro, lo cual hace que mi interlocutor se encolerice aún más. 

 

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Abrapalabra

No es excusa

excusas

Eso de que en mi país se dice así, o es nuestra forma de hablar, no es de ninguna manera una excusa para patear el idioma. Los hispanohablantes tendemos a hacerlo, es decir, usamos términos incorrectos como una práctica habitual y aceptada socialmente, aunque por suerte, en la mayoría de ocasiones, lo hacemos de forma inconsciente. 

Por eso mismo es muy importante llamar la atención sobre  nuestros errores cotidianos, hasta que nuestro cerebro los codifique correctamente y podamos comunicarnos apropiadamente de forma espontánea.

1.- Momentos clave o momentos claves

Lo correcto es momentos clave: "Cuando se trata de un sustantivo en función adjetiva, se dice en singular: hombres rana, ciudades dormitorio o aviones espía”.

En este sentido, clave, que es un sustantivo, se usa como adjetivo y por eso se escribe en singular.

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ARTÍCULOS

... y el amor

y el amor

 

"…donde el amor se llama con todos los nombres de todas las calles…"(*) 

                                                                                                           J. Cortázar.

… nos decía el autor en su inolvidable Rayuela, ¿se acuerdan? Qué emocionante es enamorarse, sentir vértigo, dolor de barriga y despertarse con el corazón en la mano mientras el cerebro inventa cómo eliminar segundos hasta el momento de ver al ser amado.

Cuánto se ha escrito, se escribe y se escribirá sobre ese sentimiento; pasado, presente y futuro del universo, cómo han cambiado las formas de expresión, las palabras, los códigos mediante los cuales mandamos mensajes al objeto de nuestra adoración, y sin embargo, los dolores de barriga,  los nervios y los sudores en la palma de la mano, siguen siendo tan antiguos como el hombre.

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