En el momento menos pensado y como si un rayo nos partiera en dos la cabeza, nos damos cuenta que se nos ha desprendido un trozo de piel. Yace a nuestros pies como el felpudo de la entrada, está ahí, se apartó de nuestro cuerpo pero ya no nos pertenece.
Ahí quedan las ilusiones, las esperanzas, las experiencias, los sueños y sobre todo lo vivido y aprendido.  En ese retazo de cuero están nuestros primeros enfrentamientos con el mundo al salir de la infancia, está esa mano que buscaba la de la madre para sentir calor y confianza, están las voces de los amigos jugando a la golosa, está el ruido de la pelota contra las paredes en las tardes aburridas de vacaciones, el primer beso… o el último que hemos dado o recibido, los ojos que nos amaron, las bocas que nos besaron, las manos que nos acariciaron.
Ese pedazo de cuero tiene impreso en sus grietas las palabras que aprendimos de nuestros maestros, ese viaje por tierras desconocidas que es nuestra vida cuando somos jóvenes, esos nombres impronunciables que alteraban nuestras hormonas, esa magia y ese misterio que emanaba de la tierra como un vaho tibio y nos iba dibujando los rostros de una tierra que empezábamos a vislumbrar.
Sí, porque en esos imperceptibles cambios de piel, estábamos descubriendo qué diablos era ser latinoamericano, cómo se comía eso de ser mitad indígena, mitad europeo, no siempre en cantidades exactas, qué tanto teníamos de uno y otro, cuál de esos dos mundos se apoderaba de nosotros y en qué momentos. A veces nos asaltaba en medio de un camino y nos reconocíamos indígenas, a veces, en cambio lo europeo se nos aparecía en la intimidad de nuestro cuarto y anulaba lo intuido.
No nos reconocíamos, teníamos miedo de eso que se estaba forjando debajo de la piel, muchos huyeron de ese destino, algunos lo aceptaron, otros decidieron ignorarlo, en cualquier caso, lo que nunca podremos hacer es evitar los cambios de piel.
Está en nuestra naturaleza, somos como serpientes, a medida que avanzamos dejamos trozos de nosotros mismos por donde quiera que andemos y no importa, si quien nos lo puso en frente de los ojos ha muerto hace poco; su cuerpo ya no está, pero su certeza vivirá en cada poro de nuestra piel y en la de todas las generaciones de latinoamericanos, no nos salvará de ese destino ni los cambios de idioma, ni los certificados de nacimiento falseados, ni las fugas migratorias, ni la cultura aprendida o desaprendida, la mezcla será nuestra señal de identidad y hablará por nosotros, por muchos whatsapps que inventemos.

Por: Lady papa

Cuentos

Oscuridad

oscuridad

 

Cerró los ojos, ese gesto era recurrente en él. Si se sumaran todos los segundos que lo hacía, éstos constituirían una oscuridad absoluta donde se desvanecerían todos sus delitos.

Alguien de buen corazón afirmaría que él cerraba los ojos ante la monstruosidad cometida, o quizás lo obligara su conciencia recriminatoria o su educación. Vaya uno a saber. Existen demasiados términos para justificar los actos malos de la gente buena. Leer más...

Abrapalabra

De dígrafos y otras especies...

digrafos

Como dígrafo se denomina la secuencia de dos letras que representa un solo sonido. Los dígrafos no son considerados letras, pues una letra es un grafema, es decir, un signo gráfico simple. En cambio, el dígrafo es una secuencia de grafemas o letras.

En la lengua española existen únicamente cinco dígrafos, además de las veintisiete letras del abecedario:

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ARTÍCULOS

Cría fama...

salvamtenedor

 

 Ay, si hiciésemos caso de las palabras que hemos mamado por generaciones enteras, cuántos problemas, cuantas injusticias y cuanta desigualdad hubiésemos evitado. Pero nada, cada generación es más sorda que la anterior, defecto que con la edad va disminuyendo, porque al perder el sentido del oído físico, ese que está dentro de nuestra oreja, desarrollamos el sentido común, 

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