¿Quién les abrió la puerta? ¿Quién los invitó? Ella estaba en su casa, rodeada de las cosas que tenían su huella, empapada de sus olores más queridos, invadida de aromas cotidianos y placenteros, días saliendo por las ventanas limpios, alegres y juguetones.
Y mira por donde, hoy que se había levantado en medio de la misma tibia atmósfera de su vida, hoy que el mundo no tenía aristas, ni picos que rasgaran la piel, ni cuchillos a los que esquivar va y le pasa eso.
Puso la mesa, como siempre, mantel, platos, cubiertos, vasos, ensaladera, flores y comida humeante llenaban el lienzo de su bodegón mesa familiar vista en escorzo, en el que podemos agregar una luz diluida al modo renacentista proveniente de un balcón con las cortinas entreabiertas a una tarde que se deshace más allá de nuestra visión.
Ese era el cuadro vivencial de ella, a esa hora, de ese día específico y en ese preciso momento en el que los depredadores se tomaron su comedor.
Primero fue él, con su avidez, con esa mano que viaja una y otra vez hasta el objeto deseado para pellizcar y arrancar trocitos y llevárselos a la boca mientras su cerebro sólo piensa en saciar el hambre que lo arrasa, después ella, lejana, fría, luna llena ávida de comer lo ajeno, de saborear la calidez, la ternura y la dulzura que sus años estériles mataron dentro de sus propias entrañas en el pasado. Y como ellos, otros muchos, millones de corpúsculos humanos insaciables devorando su comida, su aliento vital.
Ella, espantada los mira comer, devorar, abrir sus bocas para inflar sus carrillos y no lo entiende, por eso se pregunta quién les abrió la puerta, quién los invitó.
Retira un poco la silla, contempla como desaparece su comida, luego sus cosas, su comedor, sus muebles, su casa, sus corpúsculos inquietos bailando en su querida luz proveniente del balcón donde el viento ya no juega con las cortinas.

Por: Gladys Fuentes

Cuentos

A la mesa

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¿Quién les abrió la puerta? ¿Quién los invitó? Ella estaba en su casa, rodeada de las cosas que tenían su huella, empapada de sus olores más queridos, invadida de aromas cotidianos y placenteros, días saliendo por las ventanas limpios, alegres y juguetones.
Y mira por donde, hoy que se había levantado en medio de la misma tibia atmósfera de su vida, hoy que el mundo no tenía aristas, ni picos que rasgaran la piel, ni cuchillos a los que esquivar va y le pasa eso.
Puso la mesa, como siempre, mantel, platos, cubiertos, vasos, ensaladera, flores y comida humeante llenaban el lienzo de su bodegón mesa familiar vista en escorzo, en el que podemos agregar una luz diluida al modo renacentista proveniente de un balcón con las cortinas entreabiertas a una tarde que se deshace más allá de nuestra visión.

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Abrapalabra

Diéresis

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En notas al margen, retomamos la definición de ortografía como preámbulo a nuestro artículo de este mes para resaltar la importancia de escribir adecuadamente y, quizás lo más importante, que los receptores de nuestras palabras nos entiendan en la verdadera dimensión que les damos.
La ortografía es el conjunto de reglas que determinan la forma correcta en que se debe escribir una lengua. Así, pues, es la parte de la gramática que tiene como función homogeneizar los principios que rigen la escritura de una lengua y, en consecuencia, la que permite que las palabras de una lengua puedan ser efectivamente descifradas y entendidas. La ortografía es fundamental para mantener la unidad lingüística de un idioma.
Veamos algunos signos, sus definiciones y usos correctos:

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ARTÍCULOS

La próxima vez lo hará mejor.

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Recuerde un día negro, de esos en que hasta las fuerzas extraterrestres se ensañan contra nuestra frágil humanidad, apaleándonos el ego hasta hacernos sentir los seres más miserables que jamás hayan existido sobre la tierra.
Imagínese el rencor, el odio, la desesperación que podemos llegar a sentir los días en que todo nos sale mal pero, de repente, en el lugar menos pensado, alguien se acerca a nosotros, nos da un golpecito en la espalda y nos suelta con la mayor naturalidad: No se preocupe, la próxima vez lo hará mejor.
No es ficción, en el mundo existen personas de naturaleza buena y quizás más cerca de lo que nosotros creemos. Nos pasamos las veinticuatro horas quejándonos porque todo anda mal en el país, porque no encontramos soluciones, ni siquiera esperanzas

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